El Dios
que actuó en Cristo y escogió a los cristianos para que vivan delante de Él
merece alabanza. Las palabras que se traducen como «alabado sea Dios» dicen de
hecho, «Bendito es el Dios.» Al utilizar la palabra «alabado» la NVI no
consigue expresar el juego de palabras que Pablo hace utilizando tres palabras
con la raíz «bendecir»: «Bendito es
el Dios que nos bendijo con toda bendición espiritual.» La utilización de
la misma palabra tanto para hablar de nuestra adoración a Dios como para
expresar el hecho de que Dios derrama sobre nosotros innumerables dones
espirituales es algo completamente ajeno a nosotros, sin embargo este doble
sentido de la palabra bendecir es
común tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Obsérvese, por ejemplo,
la expresión «el Señor te bendiga» en Números 6:24 y, «bendice al Señor» en el
Salmo 103:1. La adoración de Zacarías en Lucas 1:68–75 se parece a Efesios
1:3–14, puesto que comienza diciendo «Bendito es el Señor Dios de Israel» y
prosigue explicando todo lo que Dios ha hecho para salvar a su pueblo. Esta
bendición concluye cada uno de los cinco libros de los Salmos.
«Toda bendición espiritual» nos ha sido concedida en Cristo (ver 2 Pedro
1:3). «Espiritual» no significa que tales dones sean «de otro mundo», ni alude
tampoco a los dones espirituales que se enumeran en 1 Corintios 12:3–11, 28.
Esta expresión se refiere más bien a todo lo que el Espíritu de Dios aporta
para hacer posible la vida. La carta desarrollará todas estas bendiciones, pero
el contexto inmediato menciona la elección, la adopción, la Gracia, el perdón,
la revelación, el Evangelio y el Espíritu Santo. Como muestran los versículos 13–14,
el Espíritu es el don principal y la fuente de todos los demás.
La
expresión «en los lugares celestiales» es difícil. Pablo no quiere decir que
las bendiciones espirituales vayamos a disfrutarlas más adelante, en el cielo,
puesto que este texto subraya el disfrute presente
de los dones de Dios. De hecho, la cuestión de nuestro futuro «ir al cielo» no
es el acento principal del Nuevo Testamento. Se preocupa mucho más por la vida
presente con Dios y en Cristo. Si bien es cierto que en Efesios se concede
importancia a la era venidera, solo
en 5:5 y 6:8 se trata la cuestión de la salvación futura, y en ambos versículos
se menciona el futuro por su efecto estimulante para la vida presente.
Literalmente, el texto dice únicamente «en los celestiales»; y aunque esta
palabra se traduce en otros lugares como el adjetivo «celestial», solo en
Efesios tiene el sentido de «la esfera celestial». No obstante, esta expresión
no es un mero sinónimo de la palabra «cielo», como demuestra un análisis de las
otras cuatro ocasiones en que aparece en Efesios. Esta frase puede
aludir a:
(1)
El
lugar de exaltación de Cristo (1:20) y los creyentes (2:6).
(2)
El
lugar de revelación de la sabiduría de Dios a los gobernantes y autoridades
(3:10).
(3)
De un
modo más negativo, el lugar donde se libra la batalla entre los creyentes y las
fuerzas espirituales de maldad (6:12).
En otras
palabras, la expresión «lugares celestiales» no alude a una ubicación física,
sino a una realidad espiritual (el mundo de Dios, al que los creyentes tienen
acceso y que las fuerzas de maldad siguen esforzándose en atacar). Incluye toda
la relación del creyente con Dios y la experiencia de la iglesia. Es una manera
de decir que este mundo no es la única realidad. Existe otra esfera más extensa
en la que Cristo ha sido ya exaltado como Señor, donde los creyentes participan
en su victoria, y en la que las fuerzas espirituales desarrollan su oposición.
Aunque los creyentes viven físicamente en esta Tierra, reciben recursos
espirituales para vivir y su identidad de un plano más elevado. Los cristianos
disfrutan las bendiciones espirituales que se les otorgan en la vida presente,
puesto que éstas derivan de lo que Dios ha hecho en Cristo en los lugares celestiales.
Como
hemos ya observado en nuestros comentarios de 1:1, la expresión «en Cristo» y
otras relacionadas, están entre los elementos más importantes de la teología de
Pablo, especialmente la de Efesios. Todos los elementos de las enseñanzas de
Pablo fluyen de su concepción de nuestra unión con Cristo. Obsérvese que estas
expresiones dominan la sección. El propósito y la elección de Dios tienen lugar
en Cristo (1:4, 9, 11). La Gracia y la redención de Dios se encuentran en
Cristo (1:6–7). Todas las cosas en los cielos y en la Tierra son reunidas en
Cristo (1:10). Las personas esperan en Cristo, oyen la palabra en Cristo, y por
la fe son sellados en Cristo (1:12–13). Recordemos que toda esta sección trata
de adoración: se alaba a Dios, y el enfoque de esta alabanza es lo que Él ha
llevado a cabo y pone a nuestro alcance en Cristo.
Es
imposible definir la expresión «en Cristo» de manera simple, y cada vez que
aparece, su sentido debe analizarse de manera individual y en su contexto. En
ocasiones, «en Cristo» funciona de manera instrumental para transmitir que algo
sucede por medio de Cristo o a través de su obra, como por ejemplo
«por medio de él [Cristo Jesús] la ley del Espíritu de vida me ha liberado …»
(Rom 8:2). Otras veces esta expresión se utiliza como un adjetivo con el
sentido de «cristiano» (ver 2 Cor 12:2). En otros lugares sirve para calificar
la acción, como por ejemplo en Efesios 6:1: «Hijos, obedezcan a sus padres en el Señor.»
Sin
embargo, el uso más importante de la expresión «en Cristo» tiene un sentido
«local» y señala a la incorporación en Cristo. Es decir, Cristo es el «lugar»
en el que los creyentes residen, la fuente en la que encuentran la salvación y
bendiciones de Dios, y el contexto en el que éstos viven y trabajan. Es como si
Cristo fuera un enorme depósito que contiene los dones de Dios, pero, por
supuesto, sin perder ningún sentido de Cristo como persona. Cristo es la fuente
de todas las bendiciones espirituales, y puesto que los creyentes residen en Él
pueden disfrutar tales bendiciones. Igual que no se diluye la naturaleza
personal de Cristo, tampoco lo hace la individualidad del creyente. No se trata
del pensamiento religioso oriental de absorción en la deidad, sino más bien, de
que Cristo y el creyente se vinculan en una unidad en la que Cristo establece
los parámetros para la vida y aporta las provisiones de Dios para ella. La
conclusión lógica de este pensamiento es la utilización por parte de Pablo de
la imaginería del cuerpo, que en
Efesios es de importancia primordial.
El origen
de este concepto de Pablo es incierto. Los otros únicos documentos del Nuevo
Testamento que consignan algo parecido son los escritos joaninos, con su
enfoque en la idea de reciprocidad, según la cual los creyentes permanecen en
Cristo, y Él en ellos. Esto sugiere que las raíces de este pensamiento podrían
surgir de las enseñanzas de Jesús, aunque el uso de Pablo no puede trazarse
explícitamente hasta las palabras del Señor. Algunos eruditos sugieren que el
origen de la expresión está en los textos del Antiguo Testamento que hablan de
Abraham como aquel en quien todas las
naciones serán benditas. Cristo, aquel que ha asumido la tarea de Israel, se ha
convertido en la nueva cabeza representativa en quien todos serán benditos. Es
posible que éste sea uno de los factores, sin embargo, probablemente, la
teología paulina del bautismo como morir y resucitar con Cristo está también
tras la idea de estar en Cristo (ver Rom 6:3–8).
Hemos de
notar que en 1:4, la preocupación de Pablo desde un principio es la
transformación ética, aunque no explora esta cuestión hasta los capítulos 4–6.
Pablo deseaba estimular a los creyentes hablándoles de la grandiosidad de la
salvación, no obstante quería también retarles a vivir en consonancia con la
Gracia de Dios. La vida de Dios da como fruto una vida transformada con Él.
Esta expectativa de una vida «santa e irreprensible» fluye de la elección del
creyente por parte de Dios y de su separación para su uso. Este pensamiento
sirve para comentar el título «santos» que Pablo utiliza en 1:1 y encuentra un
paralelismo en la expectativa que encontramos en 5:27 en el sentido de que la
iglesia es santa e irreprensible.
Extraído do livro:
Comentarios Bíblicos con aplicación: Efesios
Páginas 70 a 74
Autor: Klyne Snodgrass






